Todas las emociones son importantes por su valor de señal, incluso aquellas que nos producen malestar. Por eso, en vez de evitarlas o reprimirlas, es necesario entrenarnos para descifrar el mensaje que hay detrás de cada una ya que tener un mayor registro emocional nos permitirá decidir cómo responder a cada situación en vez de reaccionar.

¿POSITIVAS o NEGATIVAS?

Aunque se suelen etiquetar según lo agradable o desagradable que se sientan, las emociones no son positivas ni negativas en sí mismas. Por eso, esforzarse para deshacernos de aquellas que consideramos dolorosas puede dar lugar a conductas desadaptativas que, aunque a corto plazo sean útiles para regular la emoción que consideramos desagradable y eso genere un alivio temporal, a largo plazo empeoran las cosas y nos alejan de nuestros objetivos. Este es el caso, por ejemplo, de las personas que calman el enojo con comida o evitan ir a la consulta médica o nutricional, por la vergüenza de haber subido de peso.

FUNCIONES

Siguiendo con el ejemplo anterior, si nos quedamos en la superficie no conseguimos ver que sentimos enojo o vergüenza cuando algo nos frustra, por ejemplo: no bajar de peso.

Aquí la emoción sirve para informarnos que ese objetivo es valioso. Al notarlo tenemos la oportunidad de transformar esas emociones en energía que impulse a resolver el problema, por ejemplo: revisar el Registro de Comidas para identificar si estamos cumpliendo con el plan y buscar ayuda de los profesionales o de un grupo de tratamiento.

Otras funciones son:

GUÍA: Ayudan a tomar consciencia del rumbo vital en el que nos estamos moviendo: si vamos hacia lo que necesitamos o deseamos, las emociones serán agradables, señales positivas de que vamos bien; si nos alejamos de nuestros objetivos el indicador emocional emitirá señales negativas marcando que hay que buscar otro camino que nos acerque a lo que necesitamos o queremos.

IMPULSO: Motivan la acción y se acompañan de reacciones voluntarias e involuntarias. Por ejemplo: podemos sentir miedo si nuestra integridad, salud o bienestar (o la de un ser querido) están amenazadas. Si el miedo es intenso, puede impulsarnos a pedir ayuda o a huir para asegurarnos la supervivencia.

La alegría nos impulsa a hacer cosas positivas para uno mismo o para otros. El amor nos impulsa a estar cerca físicamente de la persona amada.

COMUNICACIÓN: Los gestos, la postura corporal y el tono de voz están conectados biológicamente con nuestras emociones, por eso comunican como si fueran palabras. La comunicación de emociones influye en los otros incluso cuando esa no sea nuestra intención. Por ejemplo: la alegría nos hace sonreír, la vergüenza nos sonroja, el enojo frunce la frente, tensa la boca.

DIFERENCIA ENTRE EMOCIONES Y ESTADOS DE ÁNIMO.

Aunque se usan como sinónimos, son categorías distintas:

EMOCIONES:

Reacciones químicas liberadas por el cerebro y otros órganos en respuesta a nuestra propia interpretación de un estímulo:

-Externo: por ejemplo, un compañero no saluda

-Interno: por ejemplo, la sensación corporal de hambre.

Nuestro cerebro tarda una fracción de segundo en liberar los neuroquímicos que responden al pensamiento asociado a ese acontecimiento produciendo la emoción correspondiente.

ESTADOS DE ÁNIMO:

Al ser «estados» se trata de formas de permanecer, de estar. Pueden durar horas, días o semanas. No se relacionan con un acontecimiento específico, sino que se generan por la combinación de:

-Ambiente: desde el clima y las personas que nos rodean hasta la iluminación o los ruidos del lugar.

-Factores fisiológicos: cuánto comimos y nos movimos o cómo estamos de salud.

-Factores mentales: qué nos preocupa y cuáles son nuestras emociones.

Nuestros pensamientos crean la química cerebral que determinan nuestras EMOCIONES.

Los estados de ánimo representan las opciones disponibles que guían nuestra CONDUCTA.

¿QUÉ TIENEN EN COMÚN AMBOS?

Extraído de “Pasaporte para Vivir Mejor” Prof. Dr. Alberto Cormillot, edición 16 corregida y actualizada.

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